EDUARDO BAUZÁ

Es más que necesario cambiar el modelo productivo, es una impostergable decisión que demandará un gran pacto nacional.

Hoy el modelo imperante se basa en una dependencia de insumos (agrotóxicos), sólo se aportan fertilizantes de síntesis químicas (N.P.K., nitrógeno, fósforo y potasio) más una extensa lista de “venenos”.

Con suelos muy empobrecidos, esquilmados, sin los diversos minerales, allí los alimentos que se producen no nutren, mantienen residuos de los tóxicos, y es lo que termina “intentando alimentarnos de muy mala manera”.

“Los alimentos en base a tres elementos no alimentan, porque no tienen minerales, porque el suelo no los tiene y no funcionan las enzimas, y esto es vital a lo que hace a los procesos hormonales, por lo que se dan problemas renales, de tiroides, de celiaquía, procesos inflamatorios y hasta autismo”. Aseguró el Ing. Agr. y Profesor Eduardo Cerdá.

La comida está vacía, muerta y procesada por demás.

Vivimos el mayor de los problemas ambientales de nuestra historia, ya no se puede ocultar esta triste realidad.

Cuando vemos que corre riesgo la salud de la gente y del ambiente, el aumento de las cianobacterias en todas las costas hasta las oceánicas, no hace más que visibilizar la magnitud del colapso ambiental que ha producido el sistema del agro negocio en el medio ambiente.

¿Qué pasará con el turismo del “Uruguay Natural”, si no se revierte esta situación?

Es muy fuerte el impacto que ocasiona el modelo productivo (sobre todo el agro negocio) sustentado en la utilización de agrotóxicos, fertilizantes de síntesis química y todo tipo de venenos (herbicidas, insecticidas, transgénicos, todos biosidas).

¿Cuánto tiempo más podemos seguir comiendo “alimentos con residuos de tantos venenos”?.

Resulta que el sistema productivo imperante en base al uso de insumos tóxicos, centra su accionar en torno al “glifosato” (el tóxico más utilizado, herbicida para el cual fueron modificados los transgénicos, semillas que resisten dicho veneno).

Veneno que fue patentado como antibiótico, también se sabe de sus propiedades como quelante de metales (fue en su origen utilizado como limpia caños), disruptor endócrino, cancerígeno, etc.

De lo más fuerte es saber que su degradación es mínima, ya que se han encontrado moléculas en la Antártida.

Cuando nuestro país autoriza un “producto veneno”, se basa en el informe técnico de la empresa que lo promueve (muy ingenuo) deberíamos investigar localmente y en base a lo que se habilite haya seguridad. “La ciencia al servicio de la gente y no del mercado”, Dr. Andrés Carrasco.

Mantener un modelo de producción en base a un antibiótico, con todo respeto, me parece muy incoherente, ahí entiendo por qué Alemania no compra mieles que contienen residuos de glifosato.

Ya lo dijo el Sr. Alejandro Nario, Director General de Medio Ambiente, “el mayor problema ambiental del Uruguay es el modelo productivo”. Sin lugar a dudas debemos conscientizarnos y cambiar dicho modelo.

Aspirar a un modelo agroecológico nos da una esperanza, poder soñar con un país natural de verdad.

Nos preguntamos: ¿cuál debe ser la estrategia?, pensamos humildemente que toda la sociedad debería empoderarse tras un modelo amigable con la vida, que produzca alimentos sanos sin residuos de agrotóxicos, con todos los nutrientes que corresponde de forma equilibrada y natural.

Impactando de manera positiva, regenerativa, cuidando la diversidad con sustentabilidad.

Que no corra riesgo la salud ni de los trabajadores vinculados directamente, ni la de los pobladores rurales y por ende de quienes comen los alimentos.

Vemos con mucho optimismo la gran oportunidad que sería posicionarnos al mercado internacional como país productor de alimentos agroecológicos.

Eduardo Bauzá
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