Hay luces amarillas: ¿cuáles son los posibles escenarios de la pandemia en Uruguay en las próximas semanas?

Los expertos que asesoran al gobierno ven señales de alerta en los índices que miden el alcance del COVID-19 y coinciden en que la percepción de riesgo bajó entre los uruguayos.

Los números de las últimas semanas vuelven a mostrar que en una pandemia en curso nunca hay ganadores. Que más que un partido en la altura, jugamos a no se sabe qué en un terreno desconocido, con dos o tres certezas en medio de la incertidumbre. Hay récord de personas enfermas, pero sabemos que si mantenemos distancia y usamos tapaboca podemos frenar la propagación del virus. Al mismo tiempo, aparecen focos simultáneos y brotes interconectados.

Cuando logra contenerse la frontera seca, Montevideo vuelve a ser el epicentro de la enfermedad. Entre números, conferencias, medidas e indiferencia, ¿cuál es la situación actual del país frente a la pandemia? ¿Está en peligro el control que nos valió cientos de artículos en medios internacionales, pero sobre todo, la aclamada libertad?

Se prenden luces amarillas, dicen los que saben.

Ayer se detectaron 42 casos nuevos de COVID-19 en 3.073 análisis: 36 de ellos son de Montevideo. Según informó el Sistema Nacional de Emergencias (Sinae), los casos corresponden a los brotes informados en los últimos días.

Algunos especialistas asocian el pico de casos nuevos con la movilidad y las actividades en aumento; otros concluyen que la marcha de la diversidad y el movimiento de personas en las elecciones departamentales fueron cruciales. Pero no hay un génesis claro. Más bien, la respuesta a qué pasó y la respuesta a qué debemos evitar es la misma para todos los expertos: esa sensación generalizada de haber vuelto a la normalidad.

Los focos que empezaron a detectarse en octubre encendieron esas luces amarillas. El promedio semanal de casos ha venido subiendo desde 20 casos promedio en la semana del 20 de octubre hasta 49 en el día 29, tal como data en el COVID Monitor R, desarrollado por los matemáticos Andrés Ferragut y Ernesto Mordecki. “Eso nos coloca, según la escala de Harvard, en la zona amarilla”, señala Mordecki, quien integra además el Grupo Asesor Científico Honorario (GACH).

Este límite entre un color y el otro se define con un caso diario —en promedio semanal— cada 100.000 habitantes. En Uruguay, con unos tres millones y medio de habitantes, se establece en 35 el límite entre la zona de riesgo verde y la amarilla. En la última semana, este promedio estuvo cerca de los 50 casos.

Pero a la vez, Mordecki puntualiza: un promedio de 45 y 50 casos es “manejable”. Además, la cantidad de personas en CTI no es grande, señala el matemático. Entonces, ¿dónde está el peligro?

La respuesta al problema es sencilla, pero el esfuerzo por evitarlo no tanto: el problema está en los contagios que esos casos diarios puedan generar.

Aquí entra en juego quién o qué está generando el “empuje” de la pandemia. En los inicios, el COVID-19 se ensañó con los mayores. Ahora es sabido que, a nivel global, la edad de las personas contagiadas se corrió hacia abajo, hacia los más jóvenes. En Italia, por ejemplo, la segunda ola golpeó más fuerte a personas en torno a los 30 años.

En España, el último informe presentado por la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica revela que la mayor proporción de casos de COVID-19 se produce en el grupo de 15 a 59 años, con la franja de 15-29 años como la más representada. En mayo, la media de la edad era mucho mayor: 60 años.

Pero volvamos al sur. En Uruguay, en concreto, la mayor incidencia acumulada —98,15 cada 100 mil habitantes— recae en personas de 25 a 34 años, según el último informe epidemiológico publicado por el Ministerio de Salud Pública (MSP).

Entonces, dice el virólogo Santiago Mirazo, se puede concluir que el “empuje” de la pandemia está vinculado a personas de mediana edad, entre los 20 y los 50 años. “Eso tiene que ver con que la gente más expuesta empieza a ser ahora la gente más joven”, dice. Pero si esa movilidad de la epidemia a los más jóvenes se acompaña con un aumento en los contagios a los vulnerables, “ahí tenés un problema”, dice Mirazo.

Lo que viene pasando, concretamente, es que con el aumento de casos llegó también una mayor tasa de ingresos a CTI, afirma el virólogo. En marzo, cuando no sabíamos nada, había un 3% de ingresos a cuidados intensivos. Esto es: de cada 100 personas ingresaban tres. Hace 20 días ingresaba uno cada 200 casos activos. Ahora ingresan cuatro. Esto se debe a la sencilla razón de que “hay más casos, tanto sintomáticos como asintomáticos”.

Pese a que el virus se haya “corrido” hacia la población económicamente activa, “a mayor cantidad de casos, más expuesta está la población vulnerable”, afirma.

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